La nota de sesgo tiene un formato fijo: dirección esperada, nivel exacto que la invalida y evento o zona que actuará como catalizador. Escribirla en menos de cinco minutos obliga a sintetizar el análisis en lugar de acumular indicadores contradictorios.
Cada tarde, la nota del día se contrasta contra lo ocurrido: ¿se cumplió, se invalidó o quedó en duda? Este ejercicio, repetido durante semanas, revela sesgos personales —por ejemplo, una tendencia a ver siempre continuación en lugar de reversión— que de otro modo pasarían inadvertidos.