La plantilla de validación convierte el checklist en un hábito mecánico: cinco casillas, un campo para el nivel de invalidación y otro para la relación riesgo-beneficio calculada. Se rellena antes de tocar el botón de orden, nunca después.
Cuando la plantilla se salta —porque 'esta vez está clarísimo'— es exactamente cuando aparecen las pérdidas fuera de plan. Por eso en mesa la regla es simple: sin plantilla rellenada, no hay entrada, sin importar cuán convincente parezca el gráfico.