Cada viernes, la mesa cierra la semana con una reconciliación: cada operación del diario se contrasta contra el broker, se verifica que el tamaño coincide con lo planificado y se confirma que ninguna entrada quedó sin registrar. Este paso, aburrido pero no negociable, es lo que detecta desviaciones de proceso antes de que se conviertan en un patrón costoso.
Sobre esa base se calculan tres métricas: porcentaje de operaciones con checklist completo, puntuación media de la rúbrica y varianza del riesgo realmente asumido frente al planificado. Solo cuando las tres métricas superan un umbral estable durante cuatro semanas consecutivas se considera escalar el riesgo por operación.
Escalar la cuenta nunca es una decisión basada en una racha ganadora reciente. Es una decisión basada en evidencia acumulada de que el proceso es sólido y repetible bajo presión creciente, exactamente el mismo criterio que usaría un fondo antes de aumentar el capital asignado a un gestor.