El oro no paga cupón ni dividendo, así que su atractivo relativo sube o baja según lo que se deja de ganar por no tener bonos. Ese coste de oportunidad se mide con los rendimientos reales, es decir, el tipo de interés nominal descontada la inflación esperada.
Cuando los rendimientos reales caen, tener oro cuesta relativamente menos y el precio tiende a subir; cuando suben, ocurre lo contrario. Esta relación inversa es el ancla macro más fiable del metal, por delante de casi cualquier titular de corto plazo.