Como el oro se cotiza en dólares, un dólar más fuerte lo encarece para el resto del mundo y suele presionar el precio a la baja, incluso sin cambios en la demanda física. Por eso el índice dólar (DXY) actúa como una correlación inversa estructural, no anecdótica.
Esta relación no es perfecta ni constante: en episodios de aversión al riesgo extrema, oro y dólar pueden subir juntos como refugios simultáneos. Reconocer cuándo la correlación se rompe es tan importante como conocerla.