La plata y las acciones de mineras suelen moverse en la misma dirección que el oro, lo que lleva a muchos operadores a usarlas como confirmación automática de una señal. El problema es que ambas tienen sus propios motores: la plata tiene un componente industrial fuerte y las mineras dependen también de sus costes operativos y resultados corporativos.
Tratar estas correlaciones como reglas fijas en lugar de tendencias probables es la trampa más común: en más de una ocasión el oro sube mientras la plata cae por debilidad industrial, o una minera se desploma por un resultado trimestral sin que el metal se mueva un centavo.